POEMA XXI

Rescatar viejas monedas de tus sueños, 
que cegarme puedan en éstas horas de hastíos y quebrantos,
 para llenarme el alma de inquilinos que pregonan infortunios,
estirándose hasta mí.



Hacerme amigo de la fama, solo entre tus formas...
ya cerca de estallar estás como la flor en primavera,
y tu vaso desparramando sobre mi camisa:
el canto de otros dioses, las voces de esos paisajes lejanos,
idolatrando caminos que se cubrieron de la enramada
(que el viento al pasar dejó). 



Veo pasar los autos cuando la nada misma llegó a la ciudad:
 Sus horas no me declinaron!
Los relojes no me pudieron!
Los látigos de esas voces no me convencieron!
Los desdenes no me mataron con sus dagas!


Veré cómo, cuándo y dónde me encauce a ti, 
si antes no te burlas por lo que he sido 
(con éstos papeles que inundaron de miel mis retratos, 
las partidas, placeres en fuga).



No me descubras!
mira con los ojos el arco iris que te brindo, 
para que brotes como la vertiente frente al asedio,
que la tierra sedienta de mi ser te reverencia,
aun en sus grietas
(en días que se cortan como el aire de tu paso).



Rosa y café de la noche: 
dejas los espectros en silencio.

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